
“Vengo de un avión que
cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo
un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que
salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles.
¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde
estamos?”
39 años son los que pasaron de esta nota que recibió el arriero Catalán, y lo más importante, del rescate de los
rugbiers uruguayos que quedaran varados en la Cordillera de los Andes después del
accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya.
El 12 de octubre de 1972 el avión había partido con 40 pasajeros y 5 tripulantes rumbo a Chile. Ante el mal tiempo
tuvieron que aterrizar en Mendoza, Argentina, donde pasaron la noche. El 13
continuó su viaje con destino a Santiago de Chile pero nunca llegó.
Después de varios días de infructuosa
búsqueda se los dio por muertos. Sin embargo, en la montaña la realidad era
otra, muchos pasajeros sobrevivieron al accidente y durante los 72 días que
vivieron en el fuselaje soportaron temperaturas de hasta -30°C y sufrieron
la falta de comida llevándolos, como último recurso, a disponer de los cuerpos
de los fallecidos para no morir de hambre.
"...lo que nosotros hicimos allá arriba, a 6 mil metros de altura, fue muy de avanzada. Fuimos tan perfectos como sociedad. Como grupo logramos hacer allí lo que hoy, treinta años después, el mundo hace. Cuánta gente hoy firma documentos diciendo Si yo muero, dono mis órganos. Yo firmé. Cuánta gente dona sus órganos para que pueda vivir un pariente, una hija, una madre, un hermano. Se saca un riñón, le dona una córnea, le dona un pulmón. Nosotros hicimos un pacto: Si yo muero, por favor utilízame para que alguien pueda vivir, por lo menos acá. Las únicas reglas que nos regían eran las que nos imponían las montañas, nadie más. Y las montañas no te quieren ahí. Si te quedas lo suficiente, te matan", explicó Fernando Parrado en una entrevista publicada en La Nación Revista del 8 de octubre de 2006.
"...lo que nosotros hicimos allá arriba, a 6 mil metros de altura, fue muy de avanzada. Fuimos tan perfectos como sociedad. Como grupo logramos hacer allí lo que hoy, treinta años después, el mundo hace. Cuánta gente hoy firma documentos diciendo Si yo muero, dono mis órganos. Yo firmé. Cuánta gente dona sus órganos para que pueda vivir un pariente, una hija, una madre, un hermano. Se saca un riñón, le dona una córnea, le dona un pulmón. Nosotros hicimos un pacto: Si yo muero, por favor utilízame para que alguien pueda vivir, por lo menos acá. Las únicas reglas que nos regían eran las que nos imponían las montañas, nadie más. Y las montañas no te quieren ahí. Si te quedas lo suficiente, te matan", explicó Fernando Parrado en una entrevista publicada en La Nación Revista del 8 de octubre de 2006.
Por una radio,
se enteraron que la búsqueda se había suspendido. El mundo exterior se había rendido pero ellos
no. Si nadie podía ayudarlos, su única esperanza de tener un futuro eran sus ganas de vivir.
Seleccionaron a tres personas
para que caminaran rumbo a Chile. Los elegidos fueron Roberto Canessa, Fernando
Parrado, quien en el accidente sufrió la pérdida de su madre y hermana, más Antonio
Vizintín.Más información:
- “Alive: The Story of the Andes Survivors”, por Piers Paul Read. (Ediciones 1974, 1993, 2005).
- “Milagro
en los Andes: 72 días en la montaña y mi largo viaje a casa”, por Fernando
Parrado (con Vince Rause) (2006)
- “Después del día diez”, por Carlos Páez Rodríguez. (con Miguel Ángel Campodónico) (2007)
- "La sociedad de la nieve", por Pablo De Vierci (2011)
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